¿Sabías que... la velocidad de infusión es responsable de una gran parte de las reacciones adversas evitables?
La velocidad de infusión: un factor clave (y a menudo olvidado) en la seguridad del paciente
En el ámbito hospitalario, solemos poner el foco en qué medicamento administramos y cuál es la dosis adecuada. Sin embargo, existe un factor igual de importante —y a menudo infravalorado— que influye directamente en la seguridad del paciente: la velocidad de infusión.
La evidencia internacional es clara. Según el ISMP España y los programas de seguridad de la OMS, un porcentaje significativo de las reacciones adversas asociadas a la administración intravenosa no se deben al fármaco en sí, sino a la rapidez con la que se administra. Es decir, no siempre es el medicamento el que causa problemas… a veces es “la prisa”.
🔍 ¿Qué nos dice la evidencia?
Diversas publicaciones del ISMP destacan que entre un 25% y un 35% de las reacciones adversas evitables relacionadas con la vía IV tienen como causa una velocidad de infusión inapropiada. Esto incluye episodios de hipotensión, rubefacción, arritmias, síndrome del “hombre rojo”, flebitis o incluso falsas alergias que terminan injustamente anotadas en la historia clínica del paciente.
Algunos ejemplos bien documentados:
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Vancomicina → La administración demasiado rápida puede desencadenar liberación masiva de histamina, produciendo el conocido síndrome del hombre rojo. La Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas (IDSA) y el ISMP recomiendan infusiones de al menos 60–120 minutos, ajustando el tiempo al peso del paciente.
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Opioides IV (fentanilo, morfina) → Una infusión acelerada aumenta el riesgo de depresión respiratoria y efectos adversos por picos súbitos en la concentración plasmática.
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Electrolitos como el potasio → Las guías internacionales (OMS, NCC MERP) desaconsejan firmemente administrarlos en bolo rápido debido al riesgo de arritmias graves.
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Antihipertensivos IV → Una caída brusca de la tensión puede ser consecuencia directa de una infusión demasiado veloz.
Lo importante aquí es que la farmacocinética está escrita en piedra: el organismo necesita tiempo para procesar lo que recibe. Saltarse ese tiempo aumenta el riesgo de toxicidad y reacciones adversas totalmente evitables.
🩺 ¿Qué podemos hacer desde enfermería?
La buena noticia es que la prevención está en nuestras manos y requiere acciones simples:
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Consultar ficha técnica o protocolo antes de programar la infusión.
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Ajustar volumen y tiempo en la bomba, evitando la administración manual rápida salvo indicación expresa.
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Registrar inicio y velocidad, facilitando que otros profesionales continúen la administración de forma segura.
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Identificar y documentar correctamente si una reacción adversa se debe a velocidad inapropiada para evitar falsas alergias.
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Utilizar sistemas de apoyo (biblioteca de bombas inteligentes, alertas, guías) cuando estén disponibles.
✔️ Conclusión
Respetar la velocidad de infusión no es un detalle técnico: es una intervención de seguridad del paciente basada en evidencia, respaldada por organismos internacionales como ISMP, OMS, IDSA y ECRI.
A veces, la mejor forma de evitar reacciones adversas no es cambiar el medicamento, sino simplemente bajar la velocidad.
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